Los movimientos sociales y campesinos, guerrillas de 1965 en el Perú
Los movimientos sociales y campesinos, guerrillas de 1965 en el Perú
A mediados del siglo XX, Perú vivió un período de profundas
transformaciones sociales, económicas y políticas, marcado por la desigualdad
en el acceso a la tierra y la explotación de los campesinos en las zonas
rurales. Estas condiciones de pobreza, injusticia social y marginalización
fueron fase para el surgimiento de movimientos sociales y campesinos, así como
de la actividad guerrillera que explotó en 1965.
El Perú de los años 60 estaba profundamente dividido entre una élite
terrateniente, que concentraba la mayor parte de la tierra y el poder político,
y un sector mayoritario de la población campesina, sometida a condiciones de
servidumbre y pobreza extrema. En las serranías y en las zonas rurales, la
propiedad de la tierra era un símbolo de poder y estatus, con grandes haciendas
en manos de unos pocos, mientras que la mayoría de los campesinos trabajaban la
tierra sin tener acceso a ella. Esta situación de injusticia estructural y
explotación generó un creciente descontento entre los campesinos, quienes comenzaron
a organizarse para luchar por sus derechos.
Uno de los movimientos campesinos más relevantes fue el que se
desarrolló en la sierra, donde las luchas por la reforma agraria cobraron
fuerza. Desde mediados del siglo XX, los campesinos, organizados en sindicatos,
comunidades y otros colectivos, exigían una redistribución de las tierras.
Inspirados en ejemplos de otros países de América Latina, como la revolución
cubana de 1959, muchos de estos grupos comenzaron a ver la vía armada como una
opción viable para enfrentar al poder opresor de las élites locales y del
Estado.
El surgimiento de las guerrillas de 1965
En este contexto de movilización social y luchas campesinas, surgieron
las guerrillas de 1965, conformadas por varios grupos que compartían la
convicción de que la violencia era el medio necesario para lograr un cambio
profundo en la sociedad peruana. Las guerrillas más importantes de este período
fueron el Ejército de Liberación Nacional (ELN), liderado por Héctor Béjar, y
el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), dirigido por Luis de la Fuente
Uceda.
Ambos movimientos compartían una ideología marxista-leninista y se
inspiraron en las guerrillas cubanas lideradas por Fidel Castro y el Che
Guevara. Consideraban que la lucha armada campesina era una estrategia clave
para desencadenar una revolución que desmantelara el orden social y económico
establecido, y que con ella se podría lograr una sociedad más justa e
igualitaria.
Las guerrillas de 1965, sin embargo, encontraron grandes dificultades
para consolidar su apoyo en las zonas rurales. Aunque compartían algunas
reivindicaciones con los movimientos campesinos principalmente la lucha por la
tierra y contra la explotación, las guerrillas no lograron ganarse el respaldo
masivo de la población campesina. Esto se debió en parte a que muchos
campesinos desconfiaban de los métodos violentos, mientras que otros estaban ya
más enfocados en formas de lucha pacífica, como las huelgas y las
movilizaciones.
Uno de los episodios más destacados de la actividad guerrillera fue la
incursión en la selva y en las sierras peruanas, donde los guerrilleros
intentaron establecer zonas liberadas para resistir el embate del gobierno. Sin
embargo, el Estado peruano, bajo el gobierno de Fernando Belaúnde Terry, reaccionó
con dureza, desplegando fuerzas militares para sofocar los focos de
insurgencia. A pesar de la resistencia, las guerrillas fueron derrotadas en
pocos meses debido a su falta de apoyo logístico, de base social y de
infraestructura militar.
Los movimientos campesinos y guerrilleros
Desde una perspectiva interpretativa, los movimientos sociales y
campesinos, y las guerrillas de 1965, pueden ser vistos como una respuesta
inevitable a las profundas desigualdades que caracterizaban al Perú en ese
momento. Las tensiones entre los sectores rurales y las élites terratenientes
reflejaban un conflicto histórico que se había mantenido latente desde la época
colonial, y que la modernización del país no había resuelto. A medida que los
campesinos tomaban mayor conciencia de sus derechos y posibilidades, las luchas
por la tierra se convirtieron en una cuestión central en su agenda.
Las guerrillas, por su parte, representan una fase radicalizada de esta
lucha, impulsada por un contexto internacional marcado por la Guerra Fría y el
éxito de revoluciones comunistas en otros países de América Latina. Sin
embargo, su fracaso puede interpretarse no solo como un reflejo de su
aislamiento frente a la masa campesina, sino también de la incapacidad de los
guerrilleros para articular un proyecto político que realmente resonara con las
aspiraciones concretas de la mayoría rural. Mientras que los campesinos querían
una reforma agraria efectiva, muchos de los líderes guerrilleros estaban más
enfocados en objetivos ideológicos abstractos, como la construcción de un
Estado socialista, que no siempre coincidían con las demandas más inmediatas de
la población rural.
A pesar del fracaso de las guerrillas de 1965, el legado de los movimientos campesinos y su lucha por la tierra no fue en vano. La presión social que ejercieron contribuyó, en parte, a que en 1969 el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado implementara una reforma agraria que, aunque imperfecta, marcó un hito en la redistribución de tierras en el país. Esta reforma respondió a las demandas históricas del campesinado y demostró que, aunque las guerrillas no hubieran tenido éxito en sus métodos, las luchas sociales no armadas podían alcanzar resultados más duraderos.
Rubio, D (2008). Las
guerrillas peruanas de 1965: entre los movimientos campesinos y la teoría
foquista. Pontificia Universidad Católica del Perú. 123-167. https://revistas.pucp.edu.pe/index.php/historica/article/view/335/24127
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