El Socialismo de José Carlos Mariátegui y el Aprismo de Víctor Raúl Haya de la Torre.

 Socialismo de José Carlos Mariátegui.


El pensamiento de José Carlos Mariátegui, aunque ampliamente reconocido hoy, no tuvo el impacto inmediato que él esperaba en Perú tras la publicación de su obra 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana en 1928. La obra fue bien recibida en otros países de América Latina, pero en Perú no tuvo la acogida deseada, en parte debido a la indiferencia de los medios de izquierda y la indiferencia de la III Internacional. Mariátegui atribuyó esta falta de repercusión a lo que describió como una "conspiración de la mediocridad".

El objetivo principal de Mariátegui al escribir los 7 Ensayos era generar una conciencia política en sus lectores, particularmente en las comunidades indígenas y los núcleos de obreros organizados, a quienes consideraba fundamentales para el futuro del socialismo en Perú. Además, Mariátegui observaba que la comunidad universitaria estaba desconectada de la realidad nacional, aunque veía en el movimiento estudiantil un potencial aliado para la causa proletaria.

Mariátegui consideraba que el Perú no era una nación en sentido pleno, debido a su estructura económica heterogénea y su falta de unidad. Para él, coexistían en el país una economía comunista indígena en la sierra, una economía burguesa en la costa, y vestigios de la economía feudal y esclavista de la época colonial. Asimismo, señalaba que Perú no había desarrollado una democracia burguesa como Argentina o Brasil, debido en gran parte al latifundismo y la falta de inmigración y capitales europeos.

Su análisis subrayaba la dualidad racial y cultural entre la población indígena y blanca, y aunque omitía en gran medida el lugar de la población negra, sugirió que ésta se identificaba más con los blancos. Mariátegui consideraba que el desarrollo del Perú estaba subordinado a los intereses de potencias extranjeras, lo que perpetuaba su atraso económico y político.

En términos ideológicos, Mariátegui no solo utilizaba el socialismo como un marco de análisis histórico, sino que también lo veía como una ideología que podía ser adoptada por los indígenas para construir su propio futuro. El papel de la religión y el mito revolucionario eran, para Mariátegui, esenciales en la lucha por la emancipación de los pueblos indígenas, lo que lo alejaba de la ortodoxia marxista tradicional y lo acercaba a pensadores como Georges Sorel.

LA CONSTRUCCIÓN DE UNA ALTERNATIVA A LA ORTODOXIA MARXISTA

En la década de 1920, existía un número considerable de partidos comunistas en América Latina, aunque la Internacional Comunista (Komintern) no prestaba mucha atención a esta región, centrándose principalmente en Europa y, en menor medida, en Asia. En los primeros congresos de la Internacional, la liberación de las colonias se consideraba subordinada a la de las clases obreras de los países centrales. Fue en el VI Congreso de 1928 cuando se decidió prestar más atención a América Latina, celebrándose la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana en Buenos Aires. Mariátegui contribuyó a esta reunión con obras clave como Punto de vista anti-imperialista y El problema de las razas en la América Latina.

La Komintern veía la revolución latinoamericana como un apoyo a la revolución que esperaban en Estados Unidos. Sin embargo, Mariátegui resolvió la falta de "sujetos revolucionarios" en las sociedades no capitalistas de América Latina, algo que los líderes comunistas no lograban hacer. Vittorio Codovilla, dirigente del Partido Comunista Argentino y defensor estricto de los lineamientos de la Internacional, rechazaba las revoluciones nacionales y no reconocía las particularidades de América Latina, como el peso de la religión o el problema indígena en Perú. Mariátegui, en cambio, al estudiar la sociedad peruana, se alejaba de la ortodoxia marxista, que no reconocía una "realidad nacional" diferente.

A pesar de las diferencias, tanto Mariátegui como la Internacional coincidían en la preponderancia de la clase terrateniente en la vida latinoamericana y en la ausencia de una burguesía nacional fuerte. No obstante, Mariátegui reconocía la existencia de una burguesía sólida en países como Argentina, mientras que Codovilla extendía la falta de burguesía a toda la región.

Mariátegui veía el problema de la tierra como central para la transformación social en Perú. Afirmaba que la independencia no había mejorado la situación del indígena porque la estructura de la gran propiedad semifeudal seguía dominando. La Komintern explicaba el problema agrario como feudalismo sostenido por el imperialismo, pero Mariátegui lo veía más complejo, con el gamonalismo como un régimen que sucedió al feudalismo colonial, implicando una red de grandes terratenientes y agentes.

Mariátegui argumentaba que la independencia fue más un acto de solidaridad continental que un reflejo de la madurez de la sociedad peruana. Los indígenas fueron emancipados de la servidumbre, pero la propiedad de la tierra no cambió, dejándolos en una posición marginal. En el debate entre liberales y conservadores posterior a la independencia, no hubo una verdadera reivindicación campesina porque ambos grupos representaban los mismos intereses terratenientes.

El surgimiento del socialismo en Perú, según Mariátegui, debía contar con el apoyo de los indígenas, quienes hasta ese momento habían estado ausentes de la historia política peruana. La llegada de Guillermo Billinghurst al poder (1912-1914) marcó un cambio, con la aparición de movimientos obreros y un renacimiento de interés en el pasado incaico. Las sublevaciones indígenas, originadas en la violencia de la dominación colonial, fueron vistas por Mariátegui como antecedentes positivos para la construcción del socialismo.

EL SOCIALISMO EN PERÚ: PASADO Y FUTURO

Mariátegui concebía la revolución como el resultado de experiencias históricas y humanas particulares, y no como un proceso que debía seguir etapas obligatorias y lineales. Para él, existían diferentes tipos de socialismos, dependiendo del contexto y la historia de cada sociedad. No veía la revolución como algo exclusivamente futuro, sino que encontraba precedentes en el pasado peruano, como el comunismo incaico, el cual, aunque diferente del comunismo moderno, compartía una "semejanza esencial". La sociedad incaica era agraria y colectivista, basada en la cooperación de los ayllus, mientras que el comunismo de Karl Marx surgió en una sociedad industrial. Mariátegui sostenía que el comunismo no era una novedad, sino una forma de organización que ya había existido, específicamente en los Andes, lo que otorgaba a Perú una nueva centralidad en el desarrollo histórico global.

Sin embargo, Mariátegui no idealizaba el pasado incaico como un paraíso al que se debía retornar. Reconocía que la organización bajo los incas era autocrática, pero eso no le impedía proponer un comunismo democrático para el futuro. Además, argumentaba que en Perú la lucha de clases adquiriría características particulares debido a que la mayoría de los explotados pertenecían a la misma raza, los indígenas. A su juicio, los indígenas eran propensos al socialismo no solo por su vida comunitaria en los ayllus, sino también por cualidades como la disciplina y la tenacidad, que los hacían receptivos a la ideología socialista. Mariátegui no clarificó si estas características eran genéticas o el resultado de siglos de vida en determinadas condiciones.

En cuanto a la población negra, Mariátegui la veía en complicidad con la burguesía, adoptando actitudes que despreciaban lo indígena. Caracterizaba negativamente a los negros por su "primitivismo" y supersticiones, lo que, según él, los alejaba del proyecto socialista. Creía que la única forma de mejorar la situación de los negros era a través de su integración en la actividad sindical. Asimismo, no consideraba que el mestizo o el mulato pudieran ser agentes revolucionarios, ya que los veía como identificados con la cultura hispánica y colonial.

Mariátegui consideraba que estaba surgiendo una nueva época con la aparición de la ideología socialista, que permitiría a las masas adquirir conciencia de clase. La revolución vendría de la mano de un "partido de masas", aunque este término no fue completamente definido por él. Se refería a una alianza entre indígenas, negros, proletarios, campesinos, mestizos y blancos explotados. La vanguardia obrera debía educar a las masas indígenas en la ideología socialista, ya que veía en los mineros un ejemplo clave de trabajadores que combinaban las tradiciones indígenas con características modernas.

A diferencia de la Internacional Comunista, que abogaba por una revolución democrático-burguesa en América Latina, Mariátegui defendía la necesidad de una revolución socialista, al considerar que en Perú no existía una burguesía progresista o liberal. Además, criticaba a las clases medias por imitar el racismo de la aristocracia y la burguesía.




Víctor Raúl Haya de la Torre

Haya de la Torre, líder y fundador del pensamiento aprista, dedicó su vida a interpretar y descubrir la realidad peruana y latinoamericana. Influenciado por la Revolución Universitaria de Córdoba de 1918, que promovía romper con el colonialismo mental, Haya buscó un camino propio para América Latina. Aunque reconoció en el marxismo una metodología valiosa para interpretar la realidad, entendió que no podía ser aplicada de la misma manera que en Europa o Rusia.

A través de lo que llamó la "negación dialéctica del marxismo", no rechazaba esta corriente de pensamiento, sino que adaptaba sus principios a la singularidad de la región. Su experiencia en Rusia en 1924, durante la Revolución de Lenin, lo llevó a reconocer que las condiciones en América Latina diferían de las europeas, y que las soluciones a los problemas debían ser igualmente diferentes. En el Congreso Antiimperialista de Bruselas en 1927, Haya marcó distancia del comunismo internacional y del modelo soviético. En su obra "El antiimperialismo y el APRA" (1928), reafirmó que la realidad latinoamericana requería un enfoque propio, distinto al camino seguido por Moscú.

Un nuevo camino.

Haya de la Torre desarrolló un pensamiento original al adaptar ideas europeas del siglo XIX a la realidad latinoamericana, creando su propia semántica y lenguaje. A diferencia de Marx y Engels, que subestimaban a América Latina, Haya descubrió que el imperialismo era la causa de la dependencia, pobreza y miseria en la región. Se opuso al imperialismo agresivo de Estados Unidos, que dominaba no solo económica, sino también políticamente y militarmente en países como Cuba, Nicaragua y Panamá. Sin embargo, reconoció el lado positivo del imperialismo al abrir la posibilidad de progreso y desarrollo.

Para Haya, era esencial saber negociar con el capital extranjero, lo que requería tratar de igual a igual y, sobre todo, integrar a los países de América Latina. Su antiimperialismo fue constructivo, promoviendo la formación de los "Estados Unidos de América Latina" como única forma efectiva de resistir al imperialismo. Propuso un "Estado antiimperialista" que no solo negociara con el capital extranjero bajo condiciones justas, sino que también representara a las clases productoras y oprimidas, regulando y promoviendo el desarrollo económico con una planificación democrática. Desde 1931, abogó por una concertación entre el Estado, capital y trabajo, impulsando la descentralización del Perú y garantizando la representación de los sectores oprimidos en esta planificación.

Haya de la Torre, influido por la concepción leninista del Estado como instrumento de opresión, propuso un "Estado antiimperialista" que representara a las clases oprimidas, especialmente a los trabajadores. Esto lo llevó a formular la tesis del "frente único", uniendo a todas las clases sociales amenazadas por el imperialismo, no solo a obreros y campesinos, sino también a las clases medias, pequeños empresarios, profesionales, estudiantes y maestros. Este frente único no incluía a todas las clases sociales, sino solo a las explotadas, diferenciándose de la visión comunista que abogaba por un partido exclusivamente obrero. Este enfoque permitió que el APRA se convirtiera en un partido de masas, mientras que otros partidos como el Socialista o el Comunista no lograron la misma fuerza popular.

Haya, también defendió la independencia del movimiento aprista frente a influencias extranjeras, incluso de la socialdemocracia europea, que en los años 50 transformó sus partidos de clase en partidos del pueblo. Haya estaba convencido de que el aprismo debía trazar su propio camino, respondiendo a la realidad latinoamericana. Para él, una revolución social no era posible sin una revolución democrática, resumiendo esta idea en la frase: “Ni pan sin libertad, ni libertad sin pan”. Defendía tanto la justicia social como la libertad política, el pluralismo y los derechos humanos. Para Haya, la libertad era un valor primordial, y llegó a hacer compromisos políticos, como apoyar a Manuel Prado en 1956, para recuperar las libertades, incluso para aquellos que combatían al APRA. En sus últimos años, defendió la idea de una "democracia funcional", basada en el trabajo, frente a las críticas a la "democracia burguesa" provenientes de los socialismos.

Un antiimperialismo constructivo.

Desde 1924, cuando entregó la bandera aprista a los estudiantes mexicanos, Haya de la Torre comprendió la necesidad de un partido latinoamericano basado en el "antiimperialismo constructivo". Reconoció no solo el imperialismo estadounidense, sino también el nazi-fascista y el "socialimperialismo" soviético, al que veía como un capitalismo de Estado totalitario. También fue un visionario de la integración continental, proponiendo en 1927 la división de América Latina en cuatro zonas de penetración imperialista, anticipando la creación de bloques como la Comunidad Andina y el Mercosur.

Haya de la Torre fue constante en su defensa del antiimperialismo, la integración y el frente único de las clases oprimidas. El APRA, bajo su liderazgo, siempre abogó por estos principios, desafiando incluso la Constitución de 1933 que prohibía organizaciones internacionales. Para Haya, no había múltiples versiones de su pensamiento, sino una sola línea de izquierda comprometida con el pueblo y los trabajadores. Su ética personal, al morir pobre y sin acumular riqueza, es vista como parte de su legado moral y político, del cual los apristas se sienten profundamente orgullosos.

Facetas de Haya de la Torre.

Las investigaciones sobre Haya de la Torre permiten identificar cinco etapas en su vida, cada una marcada por su evolución personal, el contexto nacional e internacional y las transformaciones naturales de una persona que vivió 84 años.

La primera etapa es la "fase auroral" (1917-1918), cuando Haya era parte de la bohemia trujillana, junto a figuras como César Vallejo. Es el Haya joven que se relacionaba con el campesino indígena, lideraba la reforma universitaria y luchaba por las ocho horas laborales y la libertad de conciencia.

La segunda etapa, entre 1924 y 1933, corresponde al Haya joven, indoamericanista e internacionalista, cuando funda la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA).

El tercer periodo es el Haya de la adultez (décadas de 1940 y 1950), durante la Segunda Guerra Mundial, cuando enfrenta al totalitarismo nazi-fascista y reevalúa la política estadounidense de Roosevelt.

El cuarto Haya, entre 1956 y los años 60, es el Haya maduro, durante el periodo de la "convivencia" y la coalición, que marcó una primavera democrática que permitió la legalización del APRA y el surgimiento de la izquierda en el Perú.

Finalmente, el Haya de la vejez (años 70) es el concertador democrático que lidera la creación de la Constitución de 1979, reconciliándose con su propia historia y papel en la política peruana.

Un aprismo dinámico.

Es necesario comenzar a revisar las ideas de Haya de la Torre, reconociendo que, al igual que no hay un marxismo congelado, tampoco existe un aprismo estático. El aprismo es un pensamiento dinámico que evoluciona con el contexto global. Haya refutó la noción de que la violencia es la partera de la historia, afirmando que, con la bomba atómica, la violencia se convierte en un suicidio histórico. Sin embargo, en lugares donde hay guerras y no hay acceso a la bomba atómica, la violencia sigue siendo un factor relevante en el desarrollo histórico.

Es fundamental revisar el pensamiento de Haya de la Torre, entendiendo que esta revisión no significa un rechazo, sino una afirmación dialéctica. Es importante analizar los principios básicos del aprismo, especialmente en relación con los cinco puntos establecidos en la fundación del APRA.

Acción contra el imperialismo yanqui; fue menester ampliar términos a acción contra todos los imperialismos. Esto sigue siendo correcto, como lo demuestra el problema de Irak.

Por la unidad económica y política de América Latina; el punto sigue vigente: es necesaria la regionalización, la integración.

Por la internacionalización del Canal de Panamá, punto que está fuera de combate.

Por la nacionalización de las tierras e industrias; no es un punto vigente, de acuerdo con el proceso de la globalización.

Por la solidaridad con todas las clases y pueblos oprimidos del mundo; el punto sigue vigente.


 

Conclusión.

José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre, dos de los más influyentes pensadores políticos del Perú, compartieron la preocupación por las injusticias sociales y la necesidad de transformación en América Latina, pero desarrollaron enfoques diferentes. Mariátegui, con su visión socialista arraigada en la realidad indígena y su alejamiento del marxismo ortodoxo, propuso un socialismo adaptado al contexto peruano, enfocándose en la lucha de clases y el problema agrario. Haya de la Torre, por su parte, formuló un "antiimperialismo constructivo", abogando por la integración de América Latina y una revolución democrática que combine justicia social y libertad política. Ambos innovaron en la interpretación del marxismo para la realidad latinoamericana, pero con estrategias distintas para alcanzar la emancipación social.

Referencias:    

Carsen. M (s.f). El Socialismo peruano en el pensamiento de José Carlos Mariátegui. https://repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/10527/1/socialismo-peruano-pensamiento-mariategui.pdf

IDEA. I (2010). El pensamiento de Haya de la Torre. https://www.idea.int/sites/default/files/publications/el-pensamiento-de-haya-torre.pdf




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