Sesión 5: Cambios Constitucionales: El Golpe de Estado de 1992 en Perú

 


Según, Obando señala que el Golpe de Estado de 1992 en Perú marcó un hito en la historia política del país y tuvo profundas implicancias constitucionales. Liderado por el entonces presidente Alberto Fujimori el 5 de abril de ese año, el golpe consistió en la disolución del Congreso y la intervención de instituciones públicas, justificándose en la necesidad de superar la crisis política, la ineficiencia del Legislativo y el avance del terrorismo. Este evento representó una ruptura del orden constitucional establecido por la Carta Magna de 1979, lo que generó controversia y polarización tanto a nivel nacional como internacional.



Fujimori, con el respaldo de las Fuerzas Armadas, justificó la medida señalando que el Congreso obstaculizaba reformas cruciales en la lucha contra el terrorismo y las medidas económicas requeridas para estabilizar un país asfixiado por la inflación y el caos social. Tras el golpe, suspendió las garantías constitucionales y gobernó mediante decretos-leyes, consolidando un poder ejecutivo prácticamente sin contrapesos. Esto suscitó críticas de organismos internacionales y sectores democráticos, que denunciaron la violación de derechos fundamentales y la concentración de poder en el Ejecutivo.

De acuerdo con Abad (2017), menciona que el golpe de 1992 también fue el punto de partida para la implementación de una nueva Constitución. En 1993, se convocó a un Congreso Constituyente Democrático (CCD) encargado de redactar una nueva Carta Magna que fue sometida a referéndum. Aunque aprobada por margen estrecho, esta Constitución estableció un marco jurídico que fortaleció las competencias del Ejecutivo, promovió la economía de mercado y facilitó la reelección presidencial inmediata, algo que beneficiaría al propio Fujimori en las elecciones de 1995.

Los cambios derivados del golpe de Estado de 1992 transformaron significativamente la política peruana. Si bien algunos sectores valoran las reformas económicas y la derrota del terrorismo como logros asociados a este período, otros critican la institucionalización del autoritarismo y la debilidad de los mecanismos de control democrático. 


Podemos mencionar que el golpe de 1992 representa una lección histórica para el Perú, al evidenciar los riesgos de justificar acciones autoritarias en nombre de la estabilidad y el progreso. Aunque logró implementar cambios significativos en el modelo económico y en la lucha contra el terrorismo, también dejó un legado de polarización, autoritarismo y fragilidad institucional que sigue siendo objeto de debate en el país. La Constitución de 1993, nacida de este evento, ha sido tanto criticada como defendida, y su posible reforma o reemplazo continúa siendo un tema central en el debate político peruano contemporáneo.

El Golpe de Estado de 1992 en Perú

Según Castro (2021) menciona que el 5 de abril de 1992, el Perú despertó con un acontecimiento que redefiniría su historia reciente: el autogolpe de Estado de Alberto Fujimori. Bajo el pretexto de combatir un Congreso “obstruccionista” y de enfrentar el terrorismo y la crisis económica, el presidente disolvió el Parlamento, suspendió la Constitución de 1979 y consolidó un régimen autoritario que dejó profundas huellas en la política y la sociedad peruana. 

El golpe simbolizó una peligrosa ruptura con la tradición democrática en un momento crítico para el país. Si bien las instituciones políticas estaban debilitadas y el terrorismo imponía un clima de terror, el camino elegido no fue una respuesta legítima ni sostenible. Fujimori, con el respaldo de las Fuerzas Armadas, concentró el poder en el Ejecutivo, marginó la pluralidad política y diseñó una nueva Constitución que, si bien estabilizó el marco económico, nació de una ruptura forzada con el estado de derecho.

De acuerdo con Abad. señala que la Constitución de 1993, resultado del Congreso Constituyente Democrático, transformó el Perú en un país más abierto al libre mercado, promoviendo inversiones extranjeras y liberalizando sectores estratégicos. Estas reformas marcaron un cambio estructural que trajo crecimiento económico, pero también perpetuó desigualdades y permitió la concentración de poder en el Ejecutivo. El autoritarismo de Fujimori no solo limitó el debate político, sino que también vulneró derechos fundamentales, censuró la prensa y permitió el abuso sistemático de los derechos humanos bajo la justificación de la “pacificación nacional”.

Sin embargo, el golpe también reveló algo inquietante: el descontento popular con las instituciones democráticas de la época. Una parte importante de la ciudadanía, agotada por el caos político y la violencia, avaló la medida. Este apoyo refleja un problema que aún persiste en el Perú: la desconexión entre la política formal y las necesidades reales de la población. Cuando la democracia no cumple con sus promesas, la tentación autoritaria encuentra terreno fértil.

El legado del 5 de abril de 1992 nos obliga a reflexionar sobre los riesgos de tolerar soluciones autoritarias en nombre de la estabilidad. La democracia no solo se debilita con los golpes de Estado, sino también con la indiferencia hacia sus principios fundamentales. Las instituciones deben renovarse y fortalecerse, pero siempre dentro del marco del respeto a los derechos y las libertades ciudadanas.

Por otro lado, la Constitución de 1993 sigue siendo motivo de división. Algunos la defienden como el pilar del crecimiento económico peruano, mientras otros la critican por consolidar un modelo excluyente y por ser producto de un proceso ilegítimo. 

El golpe de Fujimori no solo redefinió la política peruana, sino que dejó una advertencia que sigue vigente: cuando la democracia se descuida, las soluciones autoritarias pueden parecer tentadoras, pero siempre cobran un precio. La memoria de 1992 debe servir como un recordatorio de que el verdadero desarrollo solo es posible cuando se construye sobre la base de instituciones sólidas, transparentes y respetuosas de los derechos humanos. Solo entonces el Perú podrá superar las sombras de su pasado autoritario y mirar hacia un futuro verdaderamente democrático


Referencias.

Adad, S. (2017). Reformas Constitucional o nueva constitución la experiencia peruana. Cuestiones Constitucionales. 37. 295-301. https://www.elsevier.es/es-revista-cuestiones-constitucionales-revista-mexicana-derecho-113-articulo-reforma-constitucional-o-nueva-constitucion-S1405919318300428

Obando, M. (s/f). Autogolpe de 1992: así fue el día en que Alberto Fujimori cambió la historia del Perú. Infobae. https://www.infobae.com/peru/2024/04/04/autogolpe-de-1992-asi-fue-el-dia-en-que-alberto-fujimori-cambio-la-historia-del-peru/

Castro, M. (2021). ¿Qué sucedió el 5 de abril de 1992 en el Perú? El comercio. https://elcomercio.pe/respuestas/que-sucedio-el-5-de-abril-de-1992-en-el-peru-autogolpe-alberto-fujimori-constitucion-de-1993-revtli-noticia/



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